miércoles, 13 de abril de 2016

como si fuéramos los peces fuera del agua, nos sentimos completamente alienígenas del hábitat y no encontramos la manera de acomodarnos a la barra para que nos oxigenen con el ron con cola que se nos mete por la garganta y nos enseña a respirar, sí, Anabel, el hombre del traje gris pálido parece ser muy guapo, ¿qué te lo has hecho la vez que viniste el sábado pasado?, eres increíble, sí, hola, no, ni se te ocurra hacer que te interesa mi vida para romper el hielo, no me desagrada tu mirada bizca pero casi que me recuerda a la de un profesor que tenía cuando era pequeña y parecía que nunca nos estuviese mirando a la cara y sí a otras partes, Anabel ¿dónde vas?, ¿me invitas a una copa?, gracias corazón, ¿oye, tú crees en la reencarnación?, no, no es una pregunta trampa, pero lo de descarnarnos arriba en el lavabo no me desagrada, otro que me coge la mano y la tiene fría, cierra la puerta y pon bien el seguro, en cualquier momento vendrá el segurata a echarnos fuera, noto como tu mirada se pone dura y comienzo a buscar el aire a bocanadas, necesito humedecerme o tengo la sensación de que moriré, shht, lo estás haciendo bien pero no me vuelvas a mirar a los ojos por favor, tienes los ojos del color del ron con cola y no me gustaría tener que beber de ellos, 

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