sábado, 17 de diciembre de 2016

Nictalopia

aunque me arranque de las cuencas el último resoplo de una noche lejana, en la que las fronteras de este mundo se reducían a la silueta de una mañana borrosa en la que los buenos días se regalaban de cualquier manera menos con los labios, no puedo evitar vernos reflejados en la turbiedad de un charco de saliva que pisamos con los pies descalzos mientras reímos, porque ahora ya no escupimos promesas diarias ni casi dibujamos la piel del otro en las tardes de un domingo lluvioso con el olor del café planeando por la mesa, por la cama, por la puerta entreabierta en la que siempre me acabo asomando para ver si encuentro algún resquicio de algún sueño que se te haya quedado abandonado y pueda apropiármelo, para que así por lo menos, sea capaz de verte de alguna manera

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