domingo, 24 de febrero de 2013

Poldy Bird - Extraterrestres


   Antes podía haber dudado, pero ahora sé que existen.
   Tengo pruebas de ello. Y conozco con detalles sus costumbres, la manera en que proceden, sus sentimientos..
   Son una tenue transparencia y viven poco tiempo. Algunos, solamente semanas. Otros, cuatro o cinco meses.
   Se meten en ciertos hombres: se corporizan en ellos.
   Esos hombres se transforman mientras son habitados por os extraterrestres. Hombres muy terrestres, con toda su carga de machismo y falso orgullo, con sus vestigios de violencia, con sus maneras egoístas, con esa escala de valores tan ^masculina^: primero el éxito profesional, el trabajo; segundo ^lo que los demás ven en mí^; tercero el terror al ridículo; cuarto la seguridad económica; quinto el amor, los hobbies, la recreación, los apetitos artísticos.
   Y esa cosa ajena a la pura sensibilidad que es un terrícola, se convierte en :
--¿Sabés?, encontré a alguien tan especial.. Lo conocí en una reunión y empezamos a charlar. Enseguida nos gustamos. Me lo confesó sin rodeos. ¡Dice cosas tan hermosas! Se da cuenta de lo que pienso, de lo que siento. Tiene algo que jamás halle en otro: ternura. Aunque no lo puedas creer, es TIERNO. Si, me dice cosas que antes ninguno, nunca. Se desespera si ve un brillo de llanto en mis ojos. Me repite que me ama, así: te amo. ¿Quién dice te amo en ésta época? Me lleva de la mano por la calle. Me hace dormir sobre su brazo, rodeándome. Quiere verme a toda hora. Es feliz conmigo. ¡Es feliz!
   Yo también tuve esa experiencia.
   Una cree que todo el andamiaje de los prejuicios se cae al suelo.
   Él es maravilloso, te enciende los cigarrillos, le pone azúcar a tu café. Te confiesa su amor todas las veces que una mujer necesita oirlo.
   Te pasás horas conversando con ese tipo increíble y él te escucha como si te estuviera bebiendo de a grandes sorbos.
Me decía:
--Conmigo podés contar para siempre. Soy tu amigo, tu amante, tu compañero. Envejeceremos juntos.
Me decía:
--Tenés los ojos del color del mar al mediodía. Tu mirada es impresionante.
   Me besaba. Me apretaba contra él y me besaba.
   A quien quisiera oírlo le decía yo era la mujer de su vida.
   Y fui la mujer de su vida. De su vida breve como la lumbrera de una vela. De su vida que me dió canto y brillo, que me dio la risa y la esperanza, la diafanidad ardiente del verano, una intensidad que nunca habia conocido. Me hizo sentir mujer, halagada, tenida en cuenta, deseada. 
   Vivió poco, unos meses. ¿Cinco, seis? No recuerdo bien. Porque no me di cuenta de su muerte enseguida sino lentamente, a través de detalles, gestos, silencios, humillaciones, violencias, que fueron apareciendo con el correr de los días.
   Una mañana (o una tarde, o una noche) vi delante de mí a un hombre. El mismo rostro, el mismo cuerpo, la misma ropa.. pero otro.
   El extraterrestre había muerto, tal vez su cadáver cayó como charquito de agua sobre una calle cualquiera por la que caminábamos. O en la alfombra de la casa.
   La cuestión es que, desde entonces, estoy viviendo con un hombre que no ha vuelto a repetirme ^te amo^, que me porfió hace una semana que el color de mis ojos no es verde, y tuve que llevarlo frente a la ventana y pedirle: ^ míralos ^. ^si^. admitió, ^pero es un verde raro^. Tengo un encendedor para mis cigarrillos. Si le cuento algo de mi vida (esas cosas que cada tanto volvemos a contar, con otras palabras, con otros contenidos emocionales, porque fueron muy importantes para nosotros) él me ataja: ^eso ya me lo contaste una vez^ o dos, o hace mucho.
   Si no le tomo yo la mano.. nunca se tocarían nuestras manos. No me atrae hacia él para besarme sorpresivamente, porque sí. Está contento cuando en su trabajo no hay problemas. Yo estoy en ese quinto compartido lugar de la escala de valores que mencioné al principio.
   Por el extraterrestre me aparté de todos y ahora, con este hombre que poco se preocupa de mí, paso soledad.
   Hoy, por ejemplo, hoy domingo, no tengo adónde ir. Él esta ocupado y no me ha dicho ^vení conmigo^, a pesar de que podría estar junto a él un rato, a la hora del almuerzo, por ejemplo. Es triste almorzar sola los domingos.
   Por el extraterrestre y la felicidad que me daba abandoné cosas queridas, personas que me brindaban calor y compañía.
   Hoy estoy con un hombre que no se diferencia de los otros.
   Lo que no sé, lo que me mantiene viva y esperanzada es.. si el mismo hombre puede ser habitado dos veces por un extraterrestre...
   Y cuando oigo la llave en la puerta de calle se me apuran los latidos, me aletean mariposas en la sangre y pienso que tal vez el que entra... que a lo mejor ha vuelto... que quizás...










 ...Hasta el amor tiene fecha de vencimiento..







Historia extraída  del libro de Poldy Bird; Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

2 comentarios:

  1. ME ENCANTO!!! NADA MEJOR Q TUS PALABRAS Y LA COMPARACION PARA EXCUSAR LOS CAMBIOS... SALUDOS

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  2. Estupendo y narrado en un crescendo que emociona y conmociona por lo verdadero.

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